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El duelo amoroso en la vejez

Buenas noches,

Llevo un bastante tiempo con una idea dentro de mi cabeza, más que una idea es una emoción, de esas que sientes que te merodean, se acercan y se alejan sin que puedas atraparlas, observarlas, reconocerlas e integrarlas....

Esa situación como os podréis imaginar, y estoy seguro que como habréis vivido, es algo que perturba bastante, ya que las emociones no siempre aparecen en el mejor momento, no siempre las vives cuando tú quieres, y tampoco las controlas en su grado, intensidad y claridad.

Si habéis leído post anteriores, sabréis que el tema de los duelos, las despedidas, los cambios es algo sobre lo que suelo tratar y reflexionar, pues en esta reflexión me gustaría tratar aún más esa otra dimensión de los duelos, y es la de situación con la que nos reencontramos cuando nos quedamos solos.

A veces, nos enamoramos desde la necesidad, desde la carencia, otras no, otras, esta necesidad y carencia se va generando durante la relación, pero el hecho de estar "acompañados" nos impide ver, hasta que punto, nos estamos vaciando, hasta que punto, nos estamos volviendo débiles, ya sea por descuidar nuestra propia imagen, nuestro propio cuerpo o simplemente nuestro propio crecimiento personal. Pensamos que la persona que en este momento se encuentra a nuestro lado, nunca nos va a faltar, que siempre va a estar ahí para sostenernos, para apoyarnos en los momentos más bajos, la que aún reconociéndonos en una situación de dependencia física, psíquica o emocional, no pasa por nuestra mente la idea, que un día despertemos y quizás no este.

En esta vida en la que vivimos, pocas veces nos paramos a pensar en la génesis de nuestros problemas, de nuestras dolencias, de nuestras necesidades....simplemente, nos conformamos con ocultar los síntomas, en minimizarlos y en el mejor de los casos en compartirlos con la persona con la que compartimos nuestra vida. Poco a poco, el hecho de no ir ejercitando y potenciando nuestras propias fortalezas y trabajando individualmente nuestras debilidades, reforzando nuestro particular sistema inmune emocional nos va haciendo más débiles.  Todo eso que hasta ahora no nos ha supuesto una carga porque teníamos quien nos ayudara a llevarlo, y que no hemos querido o podido solucionar, en el momento en el que la ruptura, la muerte o el abandono aparecen en escena nos posiciona al borde del abismo.

Esa otra dimensión del duelo, la de cómo se queda esa persona no sólo por haber sufrido la pérdida del ser amado, sino las carencias, necesidades y dependencias propias que quedan al descubierto es algo que a veces olvidamos tener en cuenta a la hora de entender, respetar y apoyar a la persona que se queda sola.

Todo el mundo habla de los tiempos....del tiempo que tienes que tomar para estar bien, todo el mundo desde fuera te va a decir lo que tienes que hacer y a lo que te tienes que amoldar a empujones y sin posibilidad de réplica, y solo tú entiendes la dureza de que en un minuto tu vida da un giro, y un adiós se convierte en un cambio radical para el resto de tus días.

Estas situaciones quienes más las sufren (si hablamos de dependencia físicas) son las personas mayores, las cuales, en la mayoría de los casos no son responsables de su situación de dependencia, la cual ha sido provocada por el desgaste de los años, de la vida vivida, de los errores cometidos y de las grietas que el paso de los años van dejando en nuestro cuerpo. Parejas que mientras están juntas, se mantienen en un frágil equilibrio, el suficiente para proporcionarles la autonomía que durante sus vidas han tenido, por la que han trabajado duramente y la cual disfrutan en esos últimos años de la vida la soledad de sus casas, en una soledad compartida, en una soledad que se convierte en tu peor acompañante cuando la persona que ha ocupado ese puesto a lo largo de tu vida desaparece, así sin más.

Es en ese momento, y sólo en ese momento, en el que te das cuenta de tu vulnerabilidad, de tu dependencia de otras personas (en el mejor de los casos familia directa) en tu día a día. Tu dejas de ser dueño/a de tu vida para estar a la merced de "quien te cuida y quien sabe lo que necesitas", cuando lo único que necesitas es que tu compañero/a de vida vuelva. Es muy injusto que los últimos días de tu vida los pases en soledad....solemos pensar que siempre la persona que muere es la peor parada, pero en estos casos, la persona que continua los últimos pasos de su camino en soledad puede experimentar un sufrimiento y dolor superior al de la propia muerte.

Pero así es la vida, así es el amor y los vínculos que establecemos entre los mortales, que todo tiene su fecha, los duelos en las personas mayores posiblemente no se cierren nunca, permanecen abiertos hasta que la muerte pone fin a esa historia de amor y de vida para siempre.

Espero que quien leáis esta entrada, logréis comprender esa otra dimensión de los duelos, esa dimensión de la que que desde hace unos meses fui consciente, y quizás hasta hoy no he sido capaz de escribir, era algo que debía a una persona muy especial y que por fin he podido (o al menos he intentado darle forma).

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